Y para ti también, que no vas a ser menos.
Querido Nieto:
Me acuerdo una de esas veces que viniste a verme con cara de cordero degollado.
Saqué las galletas esas de canela que tanto te gustan y nos sentamos a hablar.
Estabas mal, pero que muy mal.
Te pedí que me contaras qué había pasado.
Ay, Madre del Amor Hermoso, en cuanto empezaste a hablar.
No entendía nada de lo que me estabas contado.
Es que tienes una manía de complicar lo sencillo…
Me dan ganas de darte una colleja.
Con el dominio que tiene esta familia nuestra a la hora de usar el castellano recio.
Pero tú empiezas a hablar, te lías y me lías.
Porque dices unas cosas rarísimas.
Y luego me voy a la cama pensando que igual el problema soy yo, que me estoy haciendo mayor y por eso no te entiendo.
¿Tú te crees que yo me sé el nombre de todos los medicamentos que tengo?
Pues no, no me los sé.
Pregunto en la farmacia para qué son.
Y allí mismo, saco un boli y escribo en cada caja:
Para dormir, para los huesos, para la tensión, para los nervios, para el colesterol.
Para lo que sea.
¿Ves?
Pues tú lo mismo.
Que si yo hubiera ido de lumbreras por la vida, dando a entender que me sabía cómo se llamaban los medicamentos, hace años que me hubiera reunido con tu abuelo.
Que en Gloria esté.
¿Qué te cuesta decir las cosas para que te entiendan?
No me vengas con historias raras.
Que si tu abuela no te entiende, tu cliente tampoco.
Mira, si al final tendría que haberte dado la colleja.
Pero vamos a ver ¿tus clientes son humanos?
Pues háblales como a humanos.
Hijo de mi vida, por favor, habla en cristiano.
Mira a Paquita la del Barrio, con lo de "rata inmunda, animal rastreo, escoria de la vida..."
Anda que no se la entiende.
Mira, tira “pa’llá” que te, que te, que no sé lo que te hago.
Pues tú igual.
Que nunca se sabe quién te va a leer lo que escribes.
La esa que tienes ahí en el ordenador, como se llame.
Eso, la web.
Que me llevé el nombre apuntado a la casa del jubilado y todo.
Para que todos la vieran.
Y la peluquera lo puso en el móvil.
Sí, muy bonita.
Y yo tan feliz.
Hasta que me dijo que se parece a otras veinte que había visto.
El disgusto que me llevé.
Que llegué a casa y me tuve que tomar la pastilla de los nervios.
Con el arte que tú tenías para contar historias.
Sacabas una de cualquier tontería.
Todo lo hacías emocionante.
Y que nos quedábamos todos embobados escuchándote.
¿Qué te pasó?
Venga, ya.
Que se nos hace tarde.
Cuando se va a casa de una abuela, nadie se va con las manos vacías.
No, las galletas no te las llevas que me da que luego va a venir tu hermana a contarme lo mismo.
Si os conoceré yo.
Mejor llévate esto:
Notas que pueden hacerte pensar.
Porque es ahí donde puedo ayudarte.
Ideas y trucos para escribir mejor y vender mejor.
Y para que nadie vuelva a decirme que tus textos son como los de los demás.
Que una cosa es copiar una receta de croquetas y otra textos.
Mira, no te prometo que vas a empezar a escribir mejor en diez minutos.
Pero que vas a empezar sin hacerlo a ciegas, sí.
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Cualquier cosa que quieras contarme me escribes aquí.
Mi vida, te deseo un buenísimo día, y muchas alegrías y prosperidad en tu negocio.
TU ABUELA QUE TE QUIERE UNA JARTÁ.